Tinnitus espiritual / La noche que vi a Boris

Hace algunos años, cuando estaba descubriendo el shoegaze y a su primo el blackgaze, me presentaron a una banda que me negaba a escuchar, pues por su estética pensé muy idiotamente que era un tipo de k-metal y que por su puesto no me iba a gustar. Hasta que un día, en una playlist de youtube (si, porque yo aún no pagaba la maravilla de spotify) tope a Boris y al escucharlo tope esa conección del porque me insistían en que tenía que escucharlos.

Se volvió una de esas bandas raritas que formaban parte de mi iTunes y que en mi pequeño mundo, solo pocos conocíamos y por supuesto verlos en vivo ni se nos cruzaba en la cabeza, porque pues, ¿Neta como?

Seis años después y muy sorpresivamente, pero MUUUY sorpresivamente vi en facebook el flyer de una gira por América de Boris, me sorprendí demasiado y al leer las fechas no me creía que estaba la Ciudad de México en el listado.

Me molesta mucho cuando anuncian conciertos que me emocionan con demasiada anticipación, porque me desespero y justamente pasó eso con este show. Tuve que esperar 3 meses para poder estar frente al escenario viendo a estos dioses del ruido y cumplir un anhelo que nunca pensaba poder vivir, porque repito, en mi pequeño mundo era ,muy poco probable que más de 50 personas cercanas conociéramos a Boris y sobre todo que les gustará.

El 28 de agosto llegó, los encargados para abrir el show eran K. y Bardoss. Desde el inicio era raro, pues por costumbre yo no asistía a shows ni fiestas ni nada de eso en jueves, y no es que la edad me este pegando, pero desde morrito aguantaba mis ganas (y mi dinero) para disfrutar viernes sábado y domingo. Pero bueno, era jueves, algo cansado por toda la tarde de trabajo y con algo de hambre.

Al llegar mi expresión fue «NETA TANTA GENTE TOPA A BORIS» todo mi mundo de ser único y especial se derrumbo y un lado de mi cerebro pensaba «Donde se había metido toda esta gente, podríamos tener las mejores pedas con música chida pero nunca nadie nos juntó»

El resto de la noche puedo resumirlo en un trance total, ruido que te elevaba la serotonina y te hacía entregar tu voluntad a las ondas que envolvían todos los oídos que se encontraban en la sala. Era como estar y no estar ahí, algo así como volverte un zombie ante tal monstruo de decibeles donde no te preocupas ni por parpadear o respirar.

K. y Bardoss quedaron perfectos para abrir la noche, los segundos iniciando el viaje más allá presentándonos un payaso tocando las percusiones que nos hicieron despertar del trance para entrar en uno más cabrón «que pedo, ese wey esta bien grandote y tiene una máscara de payaso» todo mientras actuaba de una manera extraña que confirmaba este estado de zombie sonoro en el que todos nos encontrábamos.



Al salir Boris fue un momento magnífico, su estética, su distorsión, parecían hechiceros lejanos preparados para liberar una criatura gigante decidida a aplastarnos a todos.

De alguna forma fue así, pues no se si el ingeniero se volvió loco y subió demasiado el volumen, si fue el poder de Boris o todos ya estábamos sensibles antes los guitarrazos, pero en cuanto comenzaron a sonar, sentimos nuestros tímpanos llorar y darle un jalón a esas vibraciones hipnotizantes.

En algún punto del show, tuve que taparme los oídos, pues en realidad pensaba que iban a valer madre.

Fotos por Heidi Sánchez

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Jordy Vital Autor