Sobre Bauhaus y el más legendario concierto en la Ciudad de México

¡Por fin! Había llegado el día en que presenciaría un evento legendario (Que en ese momento no sabía si se repetiría). La reunión de Bauhaus después de su disolución en 1983.
Presencié uno de los mejores conciertos de mi vida, y eso nadie te lo podrá arrebatar hasta el día de tu muerte.

Fue en la Ciudad de México, en ese entonces tenía 27 años, salí de mi casa a las siete de la noche. Llegue tranquilo, mi forma de vestir era de un rockero que le gusta AC/DC o Guns N´Roses; ropa negra con chamarra de piel, pantalón de mezclilla, zapatos tenis, y una playera estampada, con una chica motociclista rubia de largas botas de charol negras. Nada que ver con los góticos, maquillados de blanco y vestimenta negra de terciopelo. No pude evitar ver a las chicas góticas, muchas parecían jóvenes Morticias con vestidos largos y negros. Las más atrevidas vestían minifaldas, cubrían sus piernas con mallas negras o medias de red, dejaban ver sus ligueros sexys. Algunas estaban mal maquilladas, como la que vendía bastones de dulce de menta navideño, espolvoreado con piquín, no solo había góticos; también gente ochentera, punks, post punks, metaleros o simplemente rockeros. El costo del boleto fue de 250 pesos, entrada general.

Supe de la existencia de Bauhaus gracias al programa “gaveta 12” que se transmitía en la estación de radio “rock 101” lo codujo una mujer de voz grave y suave de nombre Klauzzen Hernández; muy guapa, alta, delgada, enfundada con ropa negra ajustada desde la blusa, su chamarra de piel y botas gruesas industriales de minero y estoperoles, usando lentes gruesos de sol, bastante culta.

También se escuchaban artistas como Lacrimosa, Two Witches, Dead can dance, Laibach o Human drama, etc. Narraban cuentos de Edgar Alan Poe, H. P. Lovecraft y poesía de Charles Baudelaire; recomendaban películas como Metrópolis, Nosferatu, La bella y la bestia dirigida por el francés Jean Cocteau, el Gabinete del Dr. Caligari o El Golem. 

No tengo muchos discos de Bauhaus, solo dos compactos, el álbum The sky´s gone out de 1982, y la recopilación de Crackle – the best of Bauhaus, del cual tocaron todas las rolas.

El lugar donde se realizó el concierto fue en el grandioso Cine Opera, ubicado en la calle de Serapio Rendón N° 9 de la Colonia San Rafael, un viejo cine con decoración art deco.

Llegue a verlo como tal en mi infancia, exhibieron películas de Cantinflas, Disney, La guerra de las galaxias y Superman, donde actuó Christopher Reeve.

Después en los años 90, lo rentaron para fiestas de música electrónica, asistieron varios dj; Green Velvet, Keoki, Paul Van Dyke y Paul Oakenfold, un amigo que todavía organiza eventos de música electrónica y vende bebidas energéticas, me invitaba todo gratis.

Todavía conserva su decorado, algunas puertas de cristal, muebles y esas enormes estatuas romanas sobre la marquesina, como si custodiaran el abandonado recinto, el cual han utilizado para filmar películas y vídeos.

Volviendo al tema del concierto de Bauhaus; hubo dos puntos negativos; la larga fila para entrar y la organización para la venta de cervezas, fue pésima y lenta. No sé si el concierto empezó antes, pero ya se escuchaban los acordes de double dare con la voz de Peter Murphy, compre dos vasos grandes de cerveza, apenas llegue a la entrada de la sala, me quede cerca de una de las bardas, supongo que empezaron puntuales a las 9 de la noche -como buenos ingleses. Todo estaba muy tranquilo y a la perfección, deje una de las cervezas en la barda.

Tal vez veinte o treinta minutos
después, no sé de donde salió una caravana de chicas y chicos góticos que cargaban una gran cruz floreada, con un enredado paño rosa mexicano (parecía una procesión del Santo Señor de Chalma perdida) entraron como un tren humano, precisamente cuando cantaban She’s in parties, alguien me empujo, por consecuente, perdí mi cerveza que tenía en la mano, (por suerte, tenía la otra de reserva) no sé cómo le hicieron para dar el portazo, y entrar con esa enorme cruz.


Uno de los góticos del portazo, vestía con saco raído, empujo a otro chavo, este le responde igual empujándolo por la espalda, el gótico parecía una versión juvenil del Pingüino de Batman, amenazo a su contrincante parecido a Morrissey, blandiendo su paraguas como una espada, pero no paso más de la intención de asustar al compañero, fue una escena cómica sacada de algún episodio del programa de Batman de los 60´s, todo el concierto siguió “normal”.

Algunos criticaron la vestimenta de Daniel Ash; un traje verde, brillante, metálico, sombrero de vaquero y lentes negros. Un ochentero mencionó que parecía payaso de rodeo, pero cuando toco los acordes de la rola All we ever wanted was everything, empezaron a corearla, todos se olvidaron de su ridícula vestimenta; otras rolas que interpretaron fueron In the flat field, Passion of lovers, The Sanity Assassin, Silent hedges, Hollow Hills, Mask, Kick in the eyes, cuando Peter Murphy interpreto, Ziggy Stardust, algunas chicas gritaron eufóricas; nunca pude ver la versión en vivo de David Bowie en el Foro Sol -ahora lo lamento de verdad- después hicieron una pausa, empezaron los acordes de Bela Lugosi’ s dead. Peter Murphy apareció cubierto con una capa negra a manera de vampiro, todo mundo empezó a gritar con euforia, cantamos la rola. El coro se escuchó a la perfección, al final, Peter Murphy se retira cubriendo su rostro -como un vampiro que escapa- regresa y se despide.

A la salida, los vendedores estaban listos con sus mercancías, solo había posters del evento y playeras que nunca faltan, compré dos con el logo de la cara cuadrada blanca y negra, no faltó quien se quejara de los precios, incluso una chica; muy alta, flaca de cabello largo lacio castaño, como su traje sastre, presumía de ser licenciada en leyes para
demandar al vendedor.

Ahora la bronca es el regreso, la estación del metro San Cosme estaba cerrada, no entiendo porque creen que los que salimos de conciertos, vamos con ansias de destruir lugares, no todos somos vándalos. Debo tomar un taxi, ni hubo problema, camine un buen tramo de Avenida Ribera de San Cosme, y por fin un taxi se apiado de mí, por la facha muchos taxis no te hacen la parada, menos de noche, el clima no fue tan severo, ese día cayo una fina llovizna. El frió viento hacia caer las hojas secas.
Fue un inolvidable otoño del 12 de octubre de 1998.

Años después, me entero de que robaron de una taquería, un trompo de pastor con piña, entraron con el trompo y tortillas para pellizcar la carne y hacer tacos, volaban por todas las gradas mientras escuchaban a Bauhaus.

Otra parte de la historia cuenta el derrumbe parcial del lugar, el cual después del portazo comenzó a saturarse de gente y desde la planta alta comenzaban a caer pedazos de escombro y polvo del mismo techo, hecho el cual solo hizo que la euforia y la adrenalina aumentara en este concierto.

Otros tantos cuentan como vieron su muerte frente a ellos, siendo aplastados por la jauría de gente que dieron el portazo, y de como el gran candelabro que colgaba del centro del Cine Ópera se desplomo a mitad de las butacas de la planta alta, lo que obligo a todos a permanecer en la planta baja durante el final del concierto.

Y por si les quedan aún dudas, si, este fue el más grande y legendario concierto que ha vivido la Ciudad de México y también fue la despedida de el gran Cine Ópera.

Cuando narro mi aventura, lo imaginan como una película surrealista, con vampiros, en un abandonado lugar, lleno de recuerdos que se vuelven fantasmagóricos.

Texto: 
RconR
Ricardo Rivera

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Jordy Vital Autor