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Reseña: Hereditary [El Legado del Diablo]

Por Teddye Zapata

 

Es algo sabido que el cine de terror es uno de los géneros cinematográficos que más público atrae y, por ende, uno de los que más vende, por eso no sorprende que Hollywood lleve años explotando y maltratandolo, entregándonos filmes infumables y poco memorables por montones a lo largo de cada año. Sin embargo, durante esta última década, han comenzado a llegarnos cintas de los lugares menos comunes y que empiezan a hacerle justicia al género e incluso a revolucionarlo de cierta forma. Un factor en común interesante que vale la pena resaltar, es que la mayoría de estas cintas vienen de la mano de directores debutantes, es decir, primer turno al bate y home run. Algunos ejemplos de este fenómeno son: The Witch de Robert Eggers, The Babadook de Jennifer Kent y The Eyes of My Mother de Nicolas Pesce en 2016, este año John Krasinski nos regaló esa brillante A Quiet Place y ahora, Ari Aster se une a esta gran lista con Hereditary.

 

En una sinopsis muy general, esta cinta sigue la vida de los Graham, una familia que acaba de sufrir la pérdida de su abuela y que, a raíz de su muerte, se empiezan a desvelar secretos familiares que comienzan a desencadenar una serie de eventos paranormales, provocando un deterioro emocional y mental en cada uno de los integrantes de la familia, desembocando en consecuencias trágicas para cada uno de ellos.

 

Lo más destacado de Hereditary es la construcción de las escenas. En cada una de ellas se van edificando atmósferas de tensión que provocan incomodidad y ansiedad en el espectador. Incluso en las escenas más clichés, como lo son las de las sesiones espiritistas, se nota que el tratamiento es distinto. Uno esperaría el típico final estridente y estruendoso, pero no, en cambio, Aster opta por todo lo contrario al tan explotado Jumpscare: El silencio. Lo cual te deja con una sensación de pesadez y pensando: “pff, que intenso estuvo eso”. Obviamente, esto no hubiera sido posible sin la increíble cinematografía de Pawel Pogorzelski y de la música del gran saxofonista Colin Stetson.

 

Ahora bien, lo que a grandes rasgos se podría juzgar como una película de entidades demoníacas, sesiones de espiritismo y demás cuestiones paranormales, creo que es, más bien, una puesta en escena que aprovecha estos elementos sobrenaturales, poniéndolos al servicio de una reflexión más profunda, una de carácter psicológico: El árbol genealógico y la herencia de los traumas familiares. Era imposible no pensar en las teorías de Jacques Lacan o Alejandro Jodorowsky sobre la familia mientras veía esta película o en esa frase de la famosa psicoanalista, Françoise Dolto: “Lo que es callado en la primera generación, la segunda lo lleva en el cuerpo”.

 

Ari Aster disecciona la psique de Annie Graham, personaje interpretado por Toni Collete, quien hace un trabajo estupendo, y nos muestra cómo a veces estamos destinados a heredar y repetir los comportamientos de nuestros antepasados y como estos también son heredados y también terminan afectando a nuestra descendencia. En primer lugar, sabemos que el vínculo de Annie con su madre es casi nulo, había más secretos que certezas en esa relación, es por eso que no la veamos tan afectada por la muerte de esta y vemos como ella también termina siendo una madre distante. Luego se nos revela que en realidad ella no quería ser madre, lo fue por obligación, con la diferencia de que a Peter lo aisló por completo de su abuela y Charlie casi fue criada por esta desde el día uno. Por eso también vemos que la única que llega a mencionar que extraña a su abuela, es Charlie.   Vemos como Annie intenta forjar un vínculo con su hijo, hacerle saber que lo quiere y que quiere estar bien con él a pesar de lo que ha pasado, pero también vemos cómo mientras duerme y tiene episodios de sonambulismo, le vienen estas como fantasías donde lo mata, como un tipo de duelo entre su mente consciente y su mente subconsciente. También sabemos que Annie tuvo un hermano esquizofrénico que se suicidó y un padre que dejo de comer y murió de inanición, a esto le agregamos la demencia que padecía su madre en sus últimos días, y nos deja una lista de antecedentes de enfermedades mentales en su familia, por cual podemos intuir que ella también podría padecer una y por eso su comportamiento es tan errático y paranoico mientras avanza el filme. Todos los personajes involucrados están condicionados a vivir con la neurosis y las conductas tóxicas que la familia les ha impreso.

 

Si es verdad lo que dicen y el tiempo pone a todos en su lugar, Hereditary terminará estableciéndose como uno de los grandes clásicos del horror en un futuro no muy lejano. Una de las mejores cintas de lo que va del año y que sin duda deja el listón muy alto para la próxima producción dentro del género.

 

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