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Pop: Los mejores álbumes del 2018

Los discos más brillantes de la cada vez más global e interconectada escena del Pop en este año.

Por Leonel Manzanares de la Rosa (@afhelvegum)

2018, por más agobiante y por convulso que fuese para la vida política, social y económica de todo un planeta, fue también un año triunfal para el pop, sobre todo en su cruzada por derribar las barreras culturales, lingüísticas e ideológicas establecidas en generaciones anteriores. La riqueza en la diversidad se ha convertido en el valor predominante de este panorama musical, y artistas de sitios tan distintos y distantes como Corea del Sur, Colombia, Suecia y Sudáfrica son apreciados y disfrutados a igual medida y juzgados por lo que realmente importa: La calidad de su música.

Evidentemente, en el pop caben todas las manifestaciones musicales de las culturas del mundo, y en este 2018, en el que tanto el artista como el escucha buscan consolidarse mediante declaraciones de identidad y de principios, pudimos disfrutar de algunos de los fenómenos sonoros más fascinantes en esta década. Fenómenos que tuvieron un hogar en el álbum de formato largo.

Aquí están nuestros 10 álbumes de pop favoritos del 2018.

10. Christine and the Queens – Chris

Because Music, 2018

Hoy en día, el público demanda que sus estrellas de la radio tengan una posición bien definida en el espectro político, y que tengan congruencia en su identidad y sus opiniones. Si hay un artista que encarna perfectamente el espíritu de estos tiempos de lucha y de resistencia es Héloïse Letissier, líder de este proyecto que, a través del pop más balanceado y sofisticado — a veces funky, a veces más oscuro, pero siempre exquisito en arreglos –, logra ofrecernos una serie de mensajes contundentes sobre la sexualidad (rechazando por completo el viejo criterio binario, incluso en su imagen personal), el agotamiento mental provocado por vivir en tiempos de rampante desigualdad , y por supuesto, el amor y las dinámicas del deseo. Christine and the Queens nos muestra (con un disco bilingüe, ni más ni menos) cómo un álbum puede ser tanto personal como universal, nunca evadiendo las preguntas difíciles y entregándonos canciones grandiosas en el proceso.

9. The 1975 – A Brief Inquiry Into Online Relationships

Dirty Hit/Universal, 2018.

Millones de personas en sus veintitantos pueden identificarse profundamente con las palabras de Matty Healy en este álbum, no necesariamente porque sea un portador de la verdad — Healy es igualmente profeta y charlatán –, sino porque estos son tiempos tan confusos, que a menudo tendemos a recurrir al antihéroe, al narrador poco fiable para darles un sentido. Solo en esta generación, donde las líneas entre la ironía y la sinceridad son tan borrosas, podríamos usar (y necesitamos usar) el lenguaje del autodesprecio para transmitir esperanza, hablar de aislamiento como forma de vínculo comunal y utilizar una línea de guitarra de Joy Division para una tema que todos podemos acordar llamar “alegre”. The 1975 se han afianzado como los portavoces de ese lado amargo y decadente de la vida moderna.




8. Ariana Grande – Sweetener

Republic, 2018.

Con Dangerous Woman, de 2016, Ariana Grande se había consolidado como una de las grandes fuerzas del mainstream; se trataba de un disco que mostró complejidad, sensibilidad y cohesión incluso ante tan variadas fuentes de inspiración. Sin embargo, Sweetener lleva esta fórmula aún más allá, logrando como resultado un trabajo en el que Ariana y sus colaboradores — Pharrell Williams, Nicki Minaj, Peter Svensson, Missy Elliott, Imogen Heap, etcétera — deciden seguir su vena creativa hacia territorios más salvajes sónicamente. También tiene mucho que ver el hecho de que la vida personal de la popstar estuviese llena de momentos duros y controversiales (demasiados para enumerar aquí), ya que estos le han dado la fuerza y la convicción de crear un álbum en el que el tema principal es el empoderamiento. Ariana sabe que está al frente del discurso pop, y prueba que está preparada para tomar las riendas del Imperio.

7. BTS – Love Yourself: Answer

Big Hit, 2018.

A este punto, todos podemos estar de acuerdo en que BTS es la mejor boy-band del mundo, y me atrevo a decir que es tal vez la más importante en la historia del Pop. Nunca antes un grupo de su naturaleza había logrado convertirse en una fuerza global que trasciende barreras de idioma, origen y dinámicas de mercado, y al mismo tiempo tener una discografía tan consistente en términos de calidad y de participación de cada uno de sus miembros. Love Yourself: Answer es la culminación de un proceso de maduración, no solo del grupo en sí — aunque es remarcable la evolución de estos chicos como cantantes, bailarines, raperos, compositores y hasta productores — sino de los mecanismos de la industria del K-Pop para apoderarse, tema a tema y fandom por fandom, del pop mundial. BTS es la banda estandarte de un momento en la historia en que podemos hablar de éxito en cifras de miles de millones. Ni siquiera los Backstreet Boys pueden decir eso.

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6. Troye Sivan – Bloom

Capitol, 2018.

Decir que Troye Sivan es ya un ícono en la comunidad LGBTQ es quedarse muy, muy corto. El joven popstar ha sido un portavoz de las experiencias queer de su generación desde sus tiempos en YouTube, pero es hasta Bloom en el que todo esto se condensa en un álbum conciso, consistente y accesible. Además, Sivan se consolida como un letrista sofisticado y de alto impacto — para muestra está la manera tan radical en que describe el acto sexual desde la perspectiva del homosexual pasivo, sin ínfulas de romanticismo hipócrita y sin suavizar los detalles — pero sobre todo, como un creador de coros hermosos, pegadizos e instantáneamente icónicos.

5. Lady Gaga & Bradley Cooper – ‘A Star is Born’ Soundtrack

Interscope, 2018.

La accidentada, intensa pero conmovedora historia de amor entre Jackson Maine (Cooper) y Ally (Gaga) es los suficientemente espectacular en el filme por sí misma, pero es la música que se escribió para A Star is Born la verdadera estrella de este show. Junto a una impresionante lista de colaboradores — Lukas Nelson, Jason Isbell, Justin Tranter & Julia Roberts, por mencionar algunos –, Gaga y Cooper nos entregan verdaderas joyas que oscilan desde el country y la americana más profunda (“Black Eyes”, “Maybe It’s Time”, de la mano de un Bradley Cooper inspirado), hasta un electropop más cercano a la era The Fame de Gaga (“Why Did You Do That?”, “Hair Body Face”). Y por supuesto, los duetos son simplemente para desmayarse de su increíble poder emocional (“Always Remember Us This Way” y el tema central de la película “Shallow”). Hace mucho tiempo que un musical de Hollywood no generaba una reacción tan significativa por sus temas, pero este soundtrack es sólido por su propia cuenta, y puede ser disfrutado con o sin las imágenes que acompaña.

4. Janelle Monaé – Dirty Computer

Bad Boy, 2018.

En 2010, Janelle Monaé sorprendió al mundo entero con The ArchAndroid, un disco en el que construyó un universo narativo futurista, enfocado en la tecnología y el espacio, evidentemente inspirado en Metropolis, pero sonorizado por una plétora de influencias que abarcan desde el funk y el disco setentero hasta la psicodelia y el post-punk. Esta ambición y el amplio espectro musical que la complementa también son parte de Dirty Computer, pero ahora el espacio que esta explorando es el interior; los misterios de la mente, la personalidad, la identidad y su lugar en el mundo. Y su arsenal musical es ahora más amplio, ya que añade a su lista de referencias el synth-funk a la Prince, la última ola del rap de Atlanta y los nuevos desarrollos de la música dance.

3. Rosalía – El Mal Querer

Sony, 2018.

Sí, se ha dicho muchísimo respecto a este disco. Que si lo que hace Rosalía es apropiación cultural, siendo una catalana paya y utilizando una expresión musical desarrollada por los gitanos de Andalucía (respuesta rápida: sí y no, es decir sí, pero eso no está mal); que si es una mera actualización de la rumba flamenca catalana, esta vez pasada por el R&B y el trap americanos (respuesta rápida: sí, pero hay mucha magia en su ejecución). Lo que es incontrovertible es que Rosalía ha creado todo un universo sonoro y conceptual en El Mal Querer, y la impecable y genial producción de El Guincho enriquece este universo con formas muy creativas de construir estos temas. Y sí, el flamenco-pop, el R&B teñido de flamenco, incluso el flamenco-rap y el flamenco-reggaetón, no son nada nuevo. Héroes pasados como Rosario, Bebé, Chambao, Papá Levante y las leyendas de la fusión Ojos de Brujo han tenido proyección internacional y pueden considerarse los antecesores naturales de Rosalía en ese aspecto, sin embargo, la contribución de El Mal Querer puede — y tiene que — interpretarse como algo importante, porque representa el siguiente paso en el legado cultural del Flamenco.

2. Kali Uchis – Isolation

Virgin EMI, 2018.

¿Qué es la latinidad? ¿De qué manera se expresa en términos musicales algo tan extenso y complejo en el panorama actual del pop? Es obvio que la identidad latina no es para nada un monolito, sino un crisol de perspectivas, experiencias, colores, sabores y sonidos; pero también es necesario puntualizar que el ser latino en un mundo global es crecer en el medio de movimientos musicales que han sido dominantes en todo el planeta. Kali Uchis es la personificación de este principio: Una artista nacida en la unión americana, de padres colombianos, en cuya música se dejan ver tanto el hip-hop, el R&B y la electrónica que durante dos decadas han reinado en el contexto anglosajón, como los sonidos urbanos latinos y la bossa-nova de su entorno sudamericano. Isolation es también un disco íntimo y nocturno, y Kali realiza una labor extraordinaria al adaptar esta dicotomía sonora con la sensualidad natural de su voz, haciéndolo un álbum ideal para la alcoba.

1. Robyn – Honey

Konichiwa/Interscope, 2018.

Robyn es, sin el mínimo lugar a dudas, la artista pop más influyente en los últimos 20 años; artistas como Lorde, Grimes, MUNA y Carly Rae Jepsen la citan como una tremenda fuente de inspiración, y es la prueba viviente de que el pop perfecto — sofisticado pero accesible, elegante en producción pero en contacto con las emociones, experimentando con los límites del género pero capaz de crear coros ineludibles — existe. Su disco Body Talk tiene casi un estatus mítico hoy en día como un ejemplo de la grandeza a la debe aspirar todo popstar, así que siempre existió una enorme expectativa alrededor del siguiente material discográfico de la reina sueca.

Ocho años le ha tomado a Robyn volver al formato largo, pero con Honey nos entrega otra obra maestra, aunque de una naturaleza diferente. En lugar de tratar de superar o recrear la magia de Body Talk, ella decide tomar un camino más directo, más inmediato, en el que las emociones fluyen en un espacio mayor. Lo que observamos ahora es una artista en otro momento de su vida, en el que aún reconoce su icónico pasado pero que celebra el lugar mental en el que está ahora, con sus claroscuros y sus particularidades. Y por si esto fuera poco, nos muestra cómo dar enormes pasos hacia adelante en términos de producción. Con Honey, Robyn nos enseña que hay más de una forma de hacer pop perfecto.

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