Oscars 2019: El cuento de nunca acabar

Una mirada crítica a una ceremonia que muestra los síntomas de una nueva crisis en el cine hollywoodense.

Por Teddye Zapata (@TeddyeZapata)

Estamos a pocos días de que se celebre la ceremonia de premiación de los Oscars 2019, y como ya es costumbre, viene con una muy buena porción de controversia, y me atrevo a decir que mucho más que en años anteriores — que si falto esta, que si sobra esta otra, que esta no se lo merece; en fin, el cuento de nunca acabar. Sin embargo, lo que me parece más curioso de todo el debate que rodea a los Oscars este año, es que el blanco de muchas de las más severas críticas está siendo Black Panther — vaya ironía, ¿no? —, lo cual me parece la resolución más simplista a una discusión de la cual se pueden sacar muchas más conclusiones.

Para empezar, ¿merecía Black Panther tantas nominaciones? Por supuesto que no. Y digo esto sin intención alguna de demeritar el valor de la cinta, que dentro del subgénero al que pertenece — si es que ya le podemos llamar subgénero al cine de superhéroes — sí que sobresale, pero que, en una contienda contra las mejores películas, no tiene oportunidad alguna. Pero justo aquí es donde viene mi primer punto; y es que las contrincantes de Black Panther este año tampoco son las mejores películas del 2018. Sacando de la ecuación a Roma y La Favorita, que son películas que además de tener una manufactura impresionante, tienen mucha sustancia en su mensaje, ¿con qué nos quedamos? Hablemos de las que son las amplias favoritas este año: Por un lado tenemos Nace Una Estrella, que es un drama que hemos visto cientos de veces — además, claro está, de ser un remake de cintas mucho más interesantes —, pero que tiene la suerte de contar con alguien como Lady Gaga, que no actúa, pero sí que vende gracias a lo grande de su fandom y que si aparte de tenerla sentada en tu ceremonia, la pones a cantar, como será el caso, tienes un rating buenísimo asegurado. Y por otro lado, tenemos Bohemian Rhapsody, que lejos de ser una biopic interesante cargada de drama, como nos la han querido vender, termina siendo una recopilación de los grandes éxitos de Queen, que brilla mas por su estilo que por su trasfondo. Pero vamos, más que premiar a la película o la actuación de Rami Malek, me parece que se estaría premiando la memoria de Freddie Mercury, lo cual ninguno de sus fans va a ver con malos ojos, aunque el director de la película tenga denuncias de abuso sexual recientes, lo cual siempre representará un problema de Relaciones Públicas para Hollywood.

Ahora bien, sabemos que a La Academia le encanta premiar lo más popular, lo más de moda — incluso hace poco quisieron instaurar una nueva categoría para Película más popular, que gracias a Dios no pasó pero que esto nos sirva como antecedente. ¿Y qué es lo que está más de moda en este momento? Películas de superhéroes. Black Panther es cine de superhéroes, y de buena manufactura, cosa que hay que agradecerle a su director Ryan Coogler y a su directora de fotografía Rachel Morrison, y si a eso le agregamos que la cinta tiene una importante crítica racial y además un discurso feminista bien acentuado, un par de cosas que están siendo bastante relevantes en la actualidad, nos da como resultado la excusa perfecta para nominar una película de superhéroes a categorías importantes. Y ojo, este no es ningún reproche a la película por manifestar dichos mensajes; a mí me parece súper importante que este tipo de cintas los tengan, porque se exhiben a públicos super amplios y entre a más gente le lleguen, mejor, pero esto no quita que La Academia use esto como pretexto para poder nominar una película de Disney, que no sea animada, a los premios grandes.

Otra cosa que casi nadie menciona, pero que yo creo que también repercute de manera importante en esta serie de nominaciones tan desatinadas, es que el 2018 fue uno de los años más decepcionantes en cuanto a grandes producciones y a cine hollywoodense se refiere, lo cual redujo las opciones de La Academia de poder nominar películas de buena calidad y que también hayan hecho ruido en un público masivo.

Si hacemos un repaso del 2018 y sus “grandes” y “más esperadas” producciones, ¿qué tenemos? Una secuela de Ant-Man que pasó sin pena ni gloria. Una secuela de Jurassic World que no convenció ni a los fans de la franquicia. Una secuela de Deadpool que sí que funciona, pero que es más de lo mismo. Una desastrosa película de Venom. Un horrible spin off de La Monja y el universo extendido de James Wan. Un reboot de Tomb Raider que tampoco terminó de gustar. Dos blockbusters protagonizados por Dwayne JohnsonRampage: Devastación y Rascacielos: Rescate en las alturas — y uno con Jason StathamMegalodón — que no vale la pena ni que los comente. El spin off de Ocean’s Eleven, que con todo y su cast de puras mujeres, tampoco logró convencer. La secuela de Pacific Rim. La secuela de Cincuenta Sombras de Grey. La secuela de Depredador. Vamos, que todo esto es peor que nominar a Black Panther 20 veces. Si tuviera que rescatar algo del mainstream del año pasado, sería exclusivamente en el apartado de Terror, del que tuvimos 3 grandes entregas: Un Lugar en Silencio, El Legado del Diablo y la nueva adaptación de Suspiria, pero con el menosprecio recalcitrante que existe en La Academia hacia el cine de terror, es imposible pensar siquiera en que las consideren.

En fin, que el 2018 estuvo lleno de buen cine, pero no del cine que le interese celebrar a los premios Oscar. Y del que sí le interesa premiar, tenía muy pocas opciones. Y estas nominaciones tan sosas no son el problema, sino un síntoma de la nueva crisis en la Industria.

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