#MeTooMusicosMexicanos El silencio también nos mata.

Texto por: Anahí G. Z. y Yetlanezi P.

Los recientes acontecimientos alrededor del movimiento #MeToo en México, en especifico del #MetooMusicosMexicanos, me dejan mucho en qué pensar; no es que no le crea a las víctimas, al contrario, les creo. Sin embargo, como fan de varios de los músicos acusados, me es difícil asimilar que hayan hecho algo así; me es difícil ver el nombre de varios “conocidos” desfilar por el timeline de la cuenta. Muchas y muchos tal vez convivimos con ellos en más de una ocasión, y sí, quizás no se propasaron con nosotrxs, ni nos insinuaron nada sexual, pero eso no les exenta de que lo hayan hecho con alguien más. Es complicado ver el nombre de alguien a quien… ¿admiro? En realidad, cómo admirar a una persona que violó, acosó o agredió. ¿Cómo?

Los momentos actuales son complicados, inclusive, varias voces han dicho: “Esto no es reciente”, “¿Por qué no  lo dijeron antes?”. Sería mejor parar un segundo, poner un alto y pensar que todas esas víctimas decidieron callar por miedo, por temor a ser amenazadas o sufrir represalias por parte del abusador. En qué momento seremos empáticos.

Hace unos días hablaba con una amiga, ella me contó la historia de una mujer cercana a su círculo amistoso: la chica de quien me habló sufrió abuso sexual y no dijo nada. ¿Por qué no habló?, ¿Por qué no simplemente denunció a su violador? Estaba asustada, sentía culpa y vergüenza porque el agresor era su “AMIGO”, porque todos le conocían y el wey mostraba una careta de “buena persona”; siempre amigable, con una sonrisa y la seriedad respetuosa de quien es incapaz de dañar. Vaya farsa. Sin importar la máscara bondadosa, lo hizo: la violó.

 Algunos “acusados” lanzaron comunicados en los que dieron su versión de la historia. Esto no está mal, no es la inquisición, también tienen derecho a defenderse, a ofrecer pruebas o emprender procesos legales para deslindar responsabilidades.

Otras voces varoniles admitieron su carga públicamente, tal es el caso del guitarrista de División minúscula, Efrén Barón, quien aceptó los señalamientos de acoso, abuso sexual y violencia por los que fue señalado. Las aristas son variadas: es posible que Efrén se arrepienta sinceramente de sus actos. Tal vez no. Eso es algo que sólo él sabe con certeza.

¿Lo malo de las disculpas Tuiteras o feisbukeras de los agresores? Que se les toma como “héroes” por, después de tantos años de disimulo, enfrentar las consecuencias respecto a algo que desde un principio supieron que estaba mal.

Ahora piden perdón, pero, ¿luego qué? Dónde queda el daño psicológico causado a la víctima, las repercusiones emocionales, los terrores, las ansiedades, la incapacidad por volver a construirse en un ambiente “normal”.  Ellos, privilegiándose del silencio, edificaron una vida, mantuvieron limpia su imagen por mucho, mucho tiempo. ¿Y ellas? Resulta que se ofrece una disculpa vana: “lo siento, no era el mismo, he cambiado. Lo lamento. Fin”. Aplausos. Ovaciones. Ahora él es el héroe… Pues no, no es un héroe.

Es lamentable leer un montón de testimonios; es lamentable el suicidio de Armando Vega; es lamentable ver en las cuentas de MeToo nombres familiares en nuestras vidas. Deplorable que se deba escuchar un “todos hemos tratado mal a una mujer alguna vez”. Triste ver cómo se alaba a personas que piden disculpas  por sus abusos y no se hable más del tema. También penosas las burlas, los señalamientos injustos, la falta de certidumbres, la otredad tan frágil.  

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