La música después de la tormenta

El tiempo ha pasado sumamente rápido después de lo sucedido el día 19 de septiembre del presente año en la Ciudad de México. De momento, ya estamos a casi un mes de los hechos acontecidos en aquella tarde después de las 13:14 pm. Mucha gente vivió por segunda vez la misma tragedia impredecible. La primera fue en el ’85, pero en aquellos tiempos no existían muchos de los medios presentes en estos años. En aquel tiempo no marcabas a un celular para ver si aquella persona importante para ti estaba bien, esperabas hasta en la noche a ver si regresaba a casa sin un rasguño. No había redes sociales en donde podías publicar datos de un lugar con daños o a dónde llevar ayuda. Podría continuar con esta lista interminable de comparaciones hechas entre diferentes años con el mismo acontecimiento en el mismo día. Aún así hay algo no perdido entre esto: la empatía en la población.



Era de ley ver en las noticias a jóvenes yendo sin el permiso de sus padres a quitar escombros. Las clases sociales no se vieron aquí, a todos nos llegó por igual. Podrías haber vivido en el departamento más lujoso ó en la casa más pequeña, el daño pudo haber llegado con una venda en los ojos y sólo pasar para decirte a ti sí o a ti no.



Podrían haber sido cosas materiales, pero dolían los edificios dañados, los caídos, las casas sin remedio alguno. Los trabajos se habían quedado sin personas.  Quienes se quedaron sin todo dolían más. Los olvidados o quienes se fueron antes de tiempo. A todos nos dolió una parte del corazón y los ojos se nos llenaron de lágrimas sin querer. Dormir en una cama era ya un nuevo privilegio, comer era otro. Respirar era el más grande y puro de ellos. A gente mayor y a gente joven nos afectó por igual. La naturaleza se movía por debajo de nosotros y realmente no podíamos hacer nada, sólo mantener la calma.



La calma era poder soñar sin recordar lo ‘malo’. Tratar de dormir sin tener miedo al pésimo sonido de una alerta sísmica. Los nervios se habían convertido en el nuevo tema a la hora de encontrarte a alguien. Más de casi nueve millones de personas se encontraban con miedo.



A muchos de ellos los calmaba un cigarro, a otros el estar con alguien más. A mí, como a muchos, nos calmó el ponernos los audífonos a un volumen sumamente alto para poder callar al miedo un momento. La magia de la música se hacía presente una vez más. Canciones olvidadas pasaban a ser el nuevo setlist diario.  Todo había renacido para nosotros.



En este breve lapso de tiempo, decidí preguntarle a amistades cercanas – ¿Cuál canción te relaja a ti? Y quisieras compartir con el mundo-. El resultado fue variado con distintos géneros para todos gustos, el chiste es compartir un pedazo de nosotros para regalar a alguien y ver si funciona. Tener esa empatía vivida con anterioridad para salir adelante en un mal rato.



No hay ‘¿Por qué … ?’ para cada una de las canciones presentes, sólo es un regalo para quienes lean esto.

Foto por: vanityfair.mx

Texto por: Daniela Jimenez

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