Un ensayo personal sobre Years & Years

Bienvenidos sean todos a Voces, la sección de opiniones, testimonios, confesiones y ensayos personales de Radio Pánico. En esta ocasión, la escritora, periodista musical y artista escocesa Claire Biddles nos habla de su banda favorita, Years & Years, y el momento en el que su álbum Communion se convirtió en parte esencial de su vida.

 

Compré el álbum Communion de Years & Years unos tres días antes de que una depresión que amenazaba con llegar desde hacía semanas me terminara pegando más fuerte que en muchos años. Se convirtió en la banda sonora de ese brote particular de mi enfermedad, y de mi recuperación, así como de ese otro lado, donde estoy ahora. Sería trillado y hasta embarazoso convertir esto en un confesional, pero este disco, y la voz de Olly Alexander en particular, se sintió tanto como un amigo para mi durante el verano de 2015 (lo escuchaba todos los días), que no puedo evitar asociarlo muy específicamente a mis experiencias personales.

 

Durante las peores semanas, había ahuyentado a todos mis seres queridos casi por completo. Rechazaba todo salvo el contacto más básico con mis amigos, mi novio, mi mamá. Ellos sabían lo que estaba pasando, por supuesto, pero yo no creía que merecía estar en contacto con ninguno de ellos. Nadie se sentía real, eramos solo yo y “esto”. No existía nada más y no podía vislumbrar un futuro para mí – y no de la forma nihilista, sino de una manera genuina, patética, banal. Necesitaba algo que me dijera quién era otra vez, porque lo estaba perdiendo, y no podía encontrar esas palabras por mí misma.

 

Reservé unas vacaciones a París sola porque necesitaba estar en un lugar en donde no conociera a nadie ni hablara el idioma ni pudiera enfrentar la idea de estar cerca de alguien por 3 días seguidos. Pasé las vacaciones deambulando por Pigalle y Rome, viendo pinturas, escribiendo prosa idealista, indulgente y horrible sobre chicos hermosos que veía sentados afuera de cafeterías y escuchando a Years & Years una, y otra, y otra vez. En el último día, cruzando la estación para conseguir mi Eurostar de regreso a casa, pasé junto a una cartelera para Communion, y casi rompo en llanto.

 

No voy a entrar en grandes detalles sobre las razones que hicieron que Communion fuera aquello de lo que me aferré en ese entonces (ya que esto no es un confesional). Son todas esas cosas de las que ya he hablado antes – el anhelo, el “bailar mientras lloras”, la tensión entre sentir en el momento y mirar hacia atrás de manera diferente. Hace unos días, vi a una amiga dar una conferencia sobre el simbolismo en el arte Victoriano, y una de las cosas de las que habló fue de cómo el simbolismo se trataba de darle al espectador algo para interpretar; se trataba del potencial del símbolo, más que del significado específico y concreto del mismo. Creo que esa es la magia de extraer significado de la música también – no importa por qué una determinada canción significa lo que quieres que signifique, o cómo llegaste a ese punto. Importa que signifique algo en absoluto.

 

Ya he escrito sobre lo difícil que me resultó escuchar una canción como “Shine”, y creo que esto se debe a que, en un disco que describía perfectamente mis sentimientos de confusión y dudas sobre mí misma, al principio me parecía demasiado alegre, demasiado alejada de lo que estaba experimentando cuando empecé a escuchar Communion. A menudo me la brincaba cuando escuchaba el álbum. Pero cuando comencé a sentirme mejor, se sentía más como una liberación y una celebración de vitalidad que como un recordatorio de lo que me estaba perdiendo, de lo que la gente “normal” sentía. La línea “I’ll forget what I’ve done / I will be redefined” realmente me ayudó, así como los “ooh ooh oohs” cuando reaparecen al final de la canción, la parte que se siente como salir desde la niebla hacia la luz. Eso es tan, tan cursi, lo se – pero después de no sentir nada todos los días durante tanto tiempo, tomar consuelo en cualquier cosa es un chingado milagro, y no importa si es en algo vulgar o cliché o en algunas vocecillas que ni siquiera dicen palabras reales.

 

 

Siempre he sido fan del arte emocionalmente frenético – me gusta Pedro Almodóvar y Bas Jan Adler y los poetas Románticos – pero todo parecía ser de otro tiempo, un tiempo en el que estaba mejor. Estos libros, películas y canciones se sentían como mis amigos, y por eso podía empujarlos hacia afuera. Years & Years era nuevo y por eso me reveló quién soy y me permitió mejorar.

 

Communion se siente más personal que cualquier cosa que yo pudiera hacer. Se siente tan personal porque no me presenta hacia el mundo, no expresa la representación de mí misma que quiero mostrar a los demás; me está revelando a mí, para mí. Esto es lo que sientes. Esto es lo que siempre has sentido. Esto es lo que eres, de verdad, y lo que nadie más puede saber. El nombre se siente apropiado.

 

Por supuesto, Olly, Mikey y Emre no pidieron nada de esto, y me pregunto si identificarse tan de cerca con el arte de alguien más es como invasión al espacio personal. ¿No es este un súper cliché de todos modos? ¿Que un disco te “salve”? ¿Que el Pop te conozca mejor que tú mismo? ¿Estrellas del Pop poniendo las palabras en tu boca? ¿No es por eso por lo que le llaman Pop? Porque es lo popular, lo usual, lo común, es lo que todos pensamos, sentimos, hacemos y vemos. Es el mínimo común denominador. Nos dice lo que sentimos para que no tengamos que articularlo haciendo discos nosotros mismos. ¿Todos los demás realmente sienten así también? ¿Esta música les revela quienes son en verdad, así como pasa conmigo? ¿Todos se sienten como yo? ¿Soy habitual, común, como todos los demás?

 

En realidad, nunca me había gustado mucho algo que fuera súper popular. La música pop es la mayor parte de lo que escucho a diario, y soy una gran defensora del pop, pero las canciones con las que me relaciono más profunda y específicamente, las canciones que me responden los pensamientos, tienden a pertenecer a artistas que son populares pero que no venden en millones – Elliott Smith, Owen Pallett, Patrick Wolf.

 

Years & Years son súper súper populares. Debo admitir que es una experiencia nueva para mí verlos tocar “Real”, “Foundation” o “Memo” frente a una gran multitud en un festival, y ver a todos los demás cantando. Todas esas personas, ¿sienten que lo siento? La sensación de tener una profunda conexión con un determinado grupo o una determinada canción llevada al extremo es sentir que solo tú, REALMENTE solo tú lo entiendes, todas estas otras personas no podrían entenderlo. Cuando Olly Alexander mira hacia la cámara al comienzo del vídeo de “King”, cuando mira a la multitud, es A TI a quien mira. Es egoísta, y obviamente sabes que no es verdad, pero una parte de ti lo cree.

 

Esto es parte de la competitividad inherente que existe en el fandom también. ¿A quién le gustan más? ¿A quién le han gustado desde hace más tiempo? ¿A quién le gustan de la manera correcta? Este tipo de cosas se asocia principalmente con el fandom pop, el fandom de las boybands o cualquier otra cosa que disfruten las adolescentes, y es evidente en el de Years & Years – cada publicación en Instagram y Twitter es seguida por cientos de respuestas y comentarios y confesiones de amor y solicitudes para tocar de nuevo en Polonia / Chicago / Alemania / etc.

 

No tengo nada en absoluto en contra de estas expresiones de fandom, pero tampoco siento que me identifique con ellas, lo que probablemente sea normal para una mujer de 28 años. He hablado mucho sobre la dualidad, sobre el poder de la interpretación de Olly Alexander y la música de Years & Years en su habilidad de ser una cosa y la otra al mismo tiempo. Siento esa misma dualidad cuando voy a ver a Years & Years – cuando estoy en una multitud, bailando, disfrutándolo con todos los demás, sintiéndome parte de algo más grande, pero también reflexionando, y sintiendo una conexión con algo que es tan, tan personal y específico para mí. Communion no me salvó la vida, pero ciertamente me ayudó a vivir de nuevo como una persona plenamente funcional.

 

 

Texto: Claire Biddles

Edición original de Hendrik Jasnoch para One Week One Band.

 

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