La Dictadura del Adolescente: DSA y la importancia de la acción política juvenil

Bienvenidos sean todos a Voces, la sección de opiniones, testimonios, confesiones y ensayos personales de Radio Pánico. A veces, nos es necesario tomar una posición y compartir documentos que nos parecen importantes, por lo cual hemos realizado la traducción de este discurso de Malloy, conductor del podcast Discourse Collective y miembro de Democratic Socialists of America (DSA), acerca de su organización y la importancia de seguir construyendo un movimiento en el que los jóvenes, sobre todo los adolescentes, puedan involucrarse directamente en la realidad política y social actual.

 

Este es el texto de un discurso que pronuncié en North Bay OC Fall Talk el 5 de noviembre de 2017.

 

 

El 9/11 fue hace más de 16 años. La mayoría de los jóvenes, incluido yo mismo, lo recordamos — si es que podemos recordarlo en absoluto — como algo oscuro y brumoso en el comienzo mismo de nuestra vida; fuimos criados en su sombra. La historia había terminado, antes de que naciéramos, y la larga y continua actualidad era solo un martilleo de los puntos ásperos en el mundo y la formación de un imperio del capital totalmente consolidado. Hemos sido arrastrados a lo largo de este proceso durante toda nuestra vida; las guerras interminables que se desatan a la distancia, las crisis políticas y económicas que marcan el declive lento y prolongado del bienestar para el trabajador, y la idea de vivir, para la mayoría de los de mi edad, con la casi total certeza de que moriremos más pobres que nuestros padres, que nunca probaremos los beneficios ilusorios del Modelo de Vida Americano, y que estamos siendo alienados por una sociedad capitalista que pretende mercantilizar todos los aspectos de nuestras vidas.

 

La historia había terminado, pero en una nota plana; no hubo una resistencia real al consumo del capitalismo neoliberal tras la caída de lo que para entonces era un comunismo global estancado, y ya no existe un movimiento global organizado que le haga oposición. La gran política de la década de 1900, los pactos y tratados y los pánicos frenéticos de la guerra cercana que desarrollaron las infames carnicerías de ese siglo se habían convertido en una silenciosa zumbadora que, alimentada por una cantidad constante de trabajo explotado, produciría capital de manera confiable. Como jóvenes estadounidenses nos mantenemos ante esta historia sangrienta como sus herederos, en gran parte ignorantes de cómo se construyó el mundo que nos rodea. Estamos sin historia, sin contexto, sin ninguna conexión significativa con las luchas históricas contra el capital en expansión que nos precedieron; sus llamas fueron apagadas, una por una.

 

Pero estamos en un punto único en nuestras vidas. De repente, la historia parece haberse reiniciado. El estado de ensueño del bipartidismo, del compromiso, de una mítica tercera vía se ha desvanecido de repente y estamos sobriamente mirando el desastre que arde a nuestro alrededor. Económicamente, los jóvenes nos despertamos de esta bruma para descubrir la horrenda visión de una vida bajo el dominio del capital: La economía informal, la pasantía, el retraso interminable de un salario y la estabilidad que este proporciona. Los jóvenes de hoy nunca más experimentaremos el compromiso que hizo el New Deal con la clase trabajadora, lo cual proporcionó un salvavidas al capitalismo. Los jóvenes conocemos como verdad colectiva las fallas del capitalismo. Esto es un polvorín. La pregunta aterradora sigue siendo: ¿Qué se debe hacer? ¿Cómo convertimos ese descontento en una masa de voces radicales? Tengo algunas propuestas.  

 

Estructura y falta de estructura: Nuestra respuesta al liderazgo

Debemos exigir a nuestros líderes y a nuestra organización eficiencia. La izquierda no puede permitirse perder el paso; el crecimiento de nuestro movimiento es primordial. Estamos sentando las bases de una lucha política que durará la mayoría de nuestras vidas. Con ese fin, primero quiero discutir brevemente dos obstáculos claramente identificables hacia una organización efectiva, y cómo nosotros, como organización, y los organizadores de la juventud específicamente, podemos desafiar estas tendencias.

 

El arribismo y la estrechez de criterio son dos productos del capitalismo liberal individualizado que debemos evitar si estamos tomando en serio la construcción de una organización socialista masiva. El arribismo y la estrechez de criterio que proporciona el capital social acumulado son productos del sistema capitalista que buscamos desmantelar.

 

Comencemos por definir a qué me refiero cuando digo ‘arribismo’. Los organizadores arribistas buscan convertir el trabajo político hecho en las filas en DSA en material de currículum. Juegan en ambos lados, en cierto sentido, usando sus credenciales para crear una marca que centra el trabajo organizacional en sus necesidades, en lugar de en las preocupaciones prácticas para las necesidades de la comunidad que DSA busca movilizar. A menudo disfrazado de “profesionalización”, estos oportunistas carecen del compromiso hacia una visión verdaderamente remodelada del mundo para preocuparse por el arco a largo plazo de un proyecto socialista, o con las necesidades a corto plazo de los organizadores sobre los que imponen su visión. DSA se construye sobre las espaldas de los trabajadores que rechazan el papel explotador de la sociedad de clases a la que están sujetos; volver a subyugarlos dentro de nuestra organización es un acto de cobardía. Eludir el trabajo mucho más difícil de organizar sin explotación es inaceptable.

 

En segundo lugar, se debe combatir la insularidad de las posiciones de poder dentro de las organizaciones. Alentar a los líderes a que se comprometan a interactuar de buena fe con los miembros, así como alentar a estos últimos a aprovechar la comunicación que pueden tener con sus líderes. Hay procedimientos que ayudan a controlar la formación de estos “clubes de chicos” que impregnan las organizaciones — otro artefacto de una sociedad clasista y sexista que debemos eliminar —, pero las regulaciones estructurales por sí solas no impiden el desarrollo de estos clubes excluyentes y contraproducentes. Cada uno de nosotros somos responsables, en cada reunión, en cada voto, de criticar a aquellos que se sienten cómodos en sus posiciones, de recordarles que no están en esos puestos porque queremos beneficiarlos, sino porque fueron vistos como los más efectivos en el trabajo. Esto requiere ver estas posiciones no como lugares de ganancia personal, sino como parte de una lucha amplia y efectiva en oposición al capitalismo, y nos corresponde a nosotros construir esa cultura.

 

El arribismo y la estrechez de criterio son los dos problemas principales con los que lucha DSA; vimos el alboroto que puede ocurrir en la última elección del Comité Nacional cuando se abordaron estos problemas, y una cómoda vieja guardia, que hizo una carrera con el uso oportunista de su poder dentro de DSA, fue desafiada. La organización los había superado y los había reemplazado, pero solo a través de un drama significativo, de juegos de poder, de extraños abusos de poder. Este proceso, el cambio de poder entre generaciones cuya experiencia bajo el capitalismo y las motivaciones para unirse a una organización socialista difieren tan radicalmente, debe agilizarse. Los jóvenes que pretendemos atraer son aquellos cuyo socialismo se construye a partir de las fallas de nuestro sistema actual. Los jóvenes que atraeremos son aquellos que llegan a la organización radicalizados por la degradación que han conocido durante toda su vida — ruidosos, enojados y listos para ver el mundo cambiar. Nuestra organización debe estar construida para acomodar estas voces, y debe estar construida para retenerlas.

 

Debemos rechazar a estos líderes, pero no al liderazgo. La solución a estos temas interconectados no es una tendencia hacia una mayor falta de estructura y al vacío tiránico que se impone en las organizaciones en crecimiento, sino que debemos exigir el establecimiento de una estructura que se oponga a estos rasgos egoístas, una estructura que eduque y empodere a los jóvenes organizadores para que estos puedan llevar esta organización al futuro.

 

Organización juvenil en YDSA

Estas fueron mis observaciones de la Convención DSA este año. Me preguntaba cómo podríamos establecer efectivamente una cultura que se oponga a estas tendencias egoístas. Asistí a la Conferencia YDSA, y vi la agilidad y la intuición organizacional de los representantes de YDSA, que pasaron todo el tiempo exhortando al voto, combatiendo propuestas liberales y resistiendo los intentos de atraer a su organización a la estructura de DSA y despojarle de su autonomía. YDSA eligió un Comité Nacional de Coordinación fuerte y radical con 0 hombres blancos por primera vez en la historia de esta organización, un logro que probablemente no se lleve a cabo en DSA hasta en los próximos 10 años. La organización de la juventud es un tema de importancia crítica en la actualidad: es la clave para mantener la energía de nuestro movimiento para las generaciones venideras.

 

Creo que estamos seguros al creer que los jóvenes de hoy están en una situación económica particularmente cruel, que no pueden acceder a los beneficios del capital global como lo hacían sus padres, pero que aún así están sujetos a sus fallas. El aumento de los costos de vida, la disminución del rendimiento en la inversión de títulos universitarios cada vez más costosos y la protección legal cada vez menor proporcionada por empleadores o por uniones laborales hace que las perspectivas económicas de los jóvenes en este país sean extremadamente delicadas. Sin embargo, no podemos vivir realmente apartados de este sistema; atrapados en las contradicciones del capital, los jóvenes son muy conscientes de los fracasos de nuestro sistema económico. Vemos esto reflejado en las encuestas, donde la insatisfacción con el capitalismo aumenta año tras año y muestra un claro repunte entre los jóvenes. No obstante, esto no es una señal de que los jóvenes ingresen a organizaciones como DSA automáticamente. Esta insatisfacción, si se maneja mal, podría tener un efecto negativo en nuestro movimiento.

 

Nuestro futuro depende literalmente de nuestra efectividad; si los socialistas no atraen activamente a las personas que conocen más de cerca los fracasos del capitalismo tardío, las personas que día a día experimentan la ansiedad de la vida bajo un modelo económico moribundo, otros lo harán. Sabemos quiénes son estos otros; convertirán la visión malsana del joven que ve su vida como un fracaso tras otro en una fuente de odio, de la que pueden extraer cualquier tipo de horror. Sabemos cómo se ven; no nos dirigimos hacia un futuro con menos Charlottesville, y ya que sabemos esto, hacer crecer nuestra base y alejar a las personas de las peligrosas y venenosas falsas conciencias de la intolerancia y el sexismo, y unirlas como trabajadores, como un proletariado, debe ser nuestro principal objetivo.

 

Pero, además, el creciente movimiento fascista en este país es solo la mitad del problema. Apaciguando y validando su movimiento se encuentran los liberales, para quienes la idea de un mundo transformado es demasiado atemorizante como para considerarla. La visión del mundo liberal no puede hacerle frente a la infestación fascista de nuestra sociedad, por lo que en lugar de cortar la región infectada y declarar que las demandas y creencias fascistas son totalmente inaceptables, pretenden que una infección es algo con lo que se puede negociar. Esto es un reflejo de la diferencia central entre una cosmovisión liberal y una socialista. Los liberales ven conflictos como el fascismo versus el liberalismo versus el socialismo como un problema fundamentalmente administrativo. Dirán, seguramente, en el fondo, que todos debemos querer las mismas cosas. Todo por lo que estamos peleando es esencialmente una falta de comunicación de intenciones, y si pudiéramos eliminar esa falta de comunicación, bueno, todo volvería a la normalidad, de vuelta a la buena sociedad liberal, sin facciones, sin luchas, con la historia llegando a un alto una vez más. Como socialistas entendemos que la contradicción nos define; el trabajador y el capitalista no tienen metas comunes, y de hecho, tienen metas en oposición directa entre sí, y cuando se trata de eso, no importa cuán claramente lo pones, o cuán bien comunicado está tu punto, esa contradicción es esencial para los dos partes en oposición. No se puede gestionar, solo se resuelve con la supremacía de uno sobre el otro, hasta que todas las contradicciones dentro de nuestra sociedad se desdoblen, una por una. Entendemos que un fascista no es algo con lo que deba razonarse, porque ningún razonamiento resolverá el problema fundamental de por qué las personas se vuelven fascistas en primer lugar. Entonces, si nos acercamos a la organización juvenil con esta mentalidad, nuestro objetivo se vuelve más claro.

 

No estamos tratando de “convertir” a los jóvenes al socialismo — les estamos mostrando su lugar, económica y socialmente, en el mundo de hoy. Le estamos señalando la fuente de la miseria que ven a su alrededor todos los días, contextualizando sus experiencias ya entendidas bajo el capitalismo dentro de un marco de confrontación en lugar de un marco de gestión. Les estamos diciendo a los estudiantes que está bien pensar que su jefe no está de su lado, porque probablemente no lo esté; les decimos que está bien preguntarse por qué deben endeudarse con decenas de miles de dólares solo para ingresar a una fuerza laboral que apenas puede darles cabida; les decimos que la sensación de que sus vidas están siendo utilizadas para el beneficio de otra persona no es una ansiedad extraña y única que solo ellos conocen, sino una lucha común, una que nos une como clase. De estos jóvenes temerosos y confundidos, podemos encontrar socialistas, y podemos alentar su participación en nuestras organizaciones si y solo si somos capaces de responder a sus necesidades reales. DSA debe enfocarse en llegar a preparatorias y universidades para encontrar la clase de activistas jóvenes, enérgicos y proletarios que han demostrado una y otra vez en esta organización su valía, dedicando tiempo al trabajo que no solo mejora la vida de los trabajadores del campus, sino que convierte los objetivos de DSA en una lucha realizable. Además, estas son peleas que sirven para presentar a DSA y al socialismo de una manera positiva a un público más amplio y comenzar el largo proceso de establecer la conciencia política y de clase entre las comunidades. Los estudiantes y otros jóvenes están al frente de esa pelea.

 

El activismo juvenil hoy en día

Estamos en un momento crítico de la historia y, a menos que creamos una organización que tenga la capacidad estructural de encontrar, radicalizar e integrar a un gran número de jóvenes, DSA no sobrevivirá. Esta es una orden demandante; requiere una estructura interna real, un espíritu de humildad común entre los organizadores de estos grupos, y el compromiso con un objetivo a largo plazo que siempre está por encima de la mentalidad de “grupo de lectura” de la acción en sustitución de la discusión. Esto es lo que llamo la Dictadura del Adolescente. Comenzó como una broma entre algunos amigos de ideas afines, pero finalmente nos unimos en torno a un conjunto común de objetivos a corto plazo. Queremos que DSA juegue un papel más activo en el activismo juvenil, impulsado por los jóvenes, interactuando con ellos en términos que entiendan, sobre los problemas que entienden, lejos de los conflictos sectarios que han definido a las organizaciones de izquierda e inspirándoles a comprometerse a construir poder y hacerle frente al capital por el resto de sus vidas. Nuestra próxima propuesta incluye llamados para el establecimiento de programas de tutoría para líderes juveniles en YDSA por veteranos organizadores de DSA, y a la vez asegurando que YDSA siga siendo una organización separada e independiente dentro de DSA, y que las distintas ramas de YDSA no estén incluidas en las actividades de DSA.

 

Soy de la opinión de que la mejor manera de aprender es haciendo, que la mejor manera de definir las prácticas que hacen que la organización sea efectiva en el siglo XXI es llevándolas a cabo, y que YDSA proporciona a los jóvenes varios años de experimentación y perfeccionamiento de habilidades que los pueden entrenar para asumir el trabajo más amplio y más difícil que se necesita en DSA. Uno solo necesita mirar al partido Demócrata, cuyos altos niveles de poder están ocupados por personas que han acumulado poder en sus largas carreras y ahora están en gran medida sin ser desafiados aunque sus estrategias obsoletas fallen una y otra vez; DSA necesita tener una fuente constante de nuevo liderazgo para reemplazar a los organizadores efectivos de hoy cuando estos se vayan. YDSA puede ser una de esas fuentes, solo necesitamos aprovecharla y dirigirla a través de medios institucionales. La estructura actual de YDSA obliga a los miembros a graduarse y unirse a DSA, por lo que estos jóvenes eventualmente entrarán en DSA, pero tener un YDSA autónomo, siempre y cuando tenga el apoyo que necesita de DSA, es importante para que esta sea una canalización efectiva. Las habilidades que se pueden enseñar incluyen aquellas que forman activistas efectivos tanto dentro de las instituciones, como cursos intensivos sobre las Reglas del orden de Robert y técnicas progresivas de consenso, lecciones sobre cómo organizar y dirigir reuniones, como fuera de ellas, incluyendo lecciones sobre cómo organizar acciones dentro y fuera de los campus. A través del trabajo que se realiza en el Comité de Agenda Activista, las secciones recibirán las conexiones y los recursos necesarios para asumir roles de liderazgo en coaliciones con otros grupos del campus, centrando al socialismo y los enfoques socialistas en las cuestiones políticas.

 

En su activismo local, las divisiones de YDSA están haciendo proselitismo para Medicare For All, organizando manifestaciones contra DACA y a favor de los camaradas indocumentados, trabajando junto a sindicatos, especialmente estudiantes de posgrado y otros sindicatos del campus, y organizando acciones directas en el campus, incluyendo el boicot y la protesta hacia fascistas u oradores con simpatías fascistas. Sin embargo, YDSA también proporciona la estructura formativa para los jóvenes mientras estos ingresan a la política de izquierda; los eventos educativos políticos brindan a nuestros jóvenes camaradas la confianza política necesaria para enfrentar a nuestros oponentes y defender sus posturas con el respaldo de una sólida comprensión política y teórica del por qué luchamos.

 

A nivel nacional, YDSA está creando una infraestructura centralizada para proporcionar mejores recursos y mentoría para los sectores locales emergentes y establecidos por igual. La próxima generación de YDSA llega a la organización ya radicalizada, ya energizada y lista para dirigir esa energía. Al establecer el soporte de infraestructura que necesitamos para proporcionar esos recursos, nos aseguramos de que los jóvenes que ingresan a esta organización no se vean obstaculizados por la misma inactividad del “club de lectura” que ha plagado a DSA durante décadas. También estamos creando recursos y estableciendo asociaciones con organizaciones sindicales del campus que harán que sea más fácil para cualquier joven inspirado hacer que su trabajo local despegue y se mueva más rápido. La integración con campañas nacionales se está implementando a través de llamados de rutina con representantes federales y la creación de estrategias con los sectores locales de YDSA.

 

Un ejemplo de una de estas estrategias surgió en la conferencia YDSA, en un intento fallido de cambiar el nombre de “YDS” a “Campus DSA”. YDSA necesita expandirse más allá del campus universitario burgués y las preparatorias y los colegios comunitarios. La universidad nunca ha sido una institución de clase trabajadora, y los fracasos de una izquierda académica nos rodean. Si nos tomamos en serio la construcción de un movimiento sindical militante, de un movimiento socialista militante, un movimiento que trabaje para y con la gente de nuestras comunidades, debemos organizarnos deliberadamente de manera que nos comprometamos con los marginados y los desposeídos. La universidad no es accesible para los más marginados entre los jóvenes. Los sectores preparatorianos en Hays High y Canyon High en Texas, Hanford High en Washington, Arcadia High en Pennsylvania están entre algunos de los lugares más importantes para que DSA haga alcance juvenil, y establecer mentorías entre los sectores de DSA y YDSA ayudará a hacer que segmentos pequeños como los que están en las preparatorias despeguen, y ayudan a asegurar que podamos fomentar la próxima generación de socialistas de diversos orígenes, y que su conciencia política continuará no solo en su carrera educativa, sino a medida que ingresen a la fuerza laboral, y se enfrenten a las realidades de lo que saben que es un sistema económico tambaleante.

 

DSA es una organización en crecimiento con el potencial de integrarse y proporcionar ayuda y estructura real a la multitud de luchas que se están desarrollando en este país. Sin embargo, si hablamos en serio sobre un proyecto a largo plazo para el socialismo, debemos prepararnos para un largo viaje y plantar ahora semillas para estructuras de las que podamos cosechar beneficios: una generación de jóvenes energizados, aliados en nuestra causa como camaradas, y listos para construir una nueva sociedad socialista. Debemos aprovechar este momento y actuar de manera rápida y efectiva, siguiendo la iniciativa y el ejemplo de la nueva clase de socialistas que ya han revertido el dominio socialdemócrata en el interior de DSA, que ya han establecido una facción socialista radical dentro de DSA, que ya se han comprometido ellos mismos a la lucha eterna por la libertad que es el socialismo.

 

Texto: Malloy [Drone Chomsky]

Traducción del inglés por Af Helvegum

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