Cuento: Zinos y Boris

Día: 124… 

Son las ocho de la mañana, empiezo a oír movimiento afuera del laboratorio, aun siento los efectos de la dosis de ayer. Estos malditos científicos con sus drogas me están matando poco a poco, y ¿con qué motivo? para buscar una maldita cura a enfermedades que ellos mismos crean. ¿Acaso esto es vida? ¿Acaso creen que así planee pasar mi vida? Confiscado a una jaula siendo un sujeto de pruebas. La respuesta es NO, en ningún momento pedí esto pero al ser una rata de cautiverio y peor aún de laboratorio pareciera que ese es mi destino. Situación con la que no estoy de acuerdo y la cual debo de cambiar o morir en el intento. A fin de cuentas ¿qué es mejor? vivir preso dentro de este laboratorio siendo asesinado día a día poco a poco o morir para así de alguna forma alcanzar algún tipo libertad que he buscado por años. 

Mi hermano no lo ve de esta forma, él está feliz con esta vida, se alegra con las raciones de comida que nos son suministradas diarias, le fascina usar su rueda giratoria y hasta cierto punto empiezo a creer que empieza a disfrutar el estar dopado. No lo culpo, desde temprana edad con esta sustancia inyectada diariamente en nuestro sistema, es más que obvio que somos dependientes de ella.  

La puerta se empieza a abrir lentamente, las luces se encienden, comienza el terror.  

-¿Ya es hora Zinos?- me pregunta mi hermano todo adormilado. Si ya es hora, el grandote ya está aquí.-respondo. 

-Y bien ¿que tenemos aquí? Pero si son las ratas feas de Zinos y Boris. Baaaaah patrañas, rata uno y rata dos, en verdad no entiendo la insistencia de Sibel de ponerles nombre, si de todas maneras las vamos a matar. ¿Les importa si fumo? No que va, ni siquiera razonan.  

-Oh créeme que razonamos mucho más que tu grandote, créeme que sí.  

-Vamos Zinos no pelees sabes que no nos entiende y nunca lo va a hacer somos especies diferentes.  

-Ese es el problema Boris ¿porque ellos están sobre nosotros? ¿Quién les dio el derecho de subordinarnos?-respondo. 

-¿Dios?-me responde Boris algo inseguro.  

-No, Dios solo es otra creación en la que se basan los frágiles humanos. Como especie diferente a ellos pero no por eso superior me niego a pensar en que algo así exista, es decir donde esta para liberar no a nosotros, sino a toda la humanidad que cree en él, de la guerra, el odio, la discriminación en la que esta sometida; no, no, no, habiendo eso, no podemos hablar de la existencia de un tal Dios. 

La puerta se abre. -Buenos Días Joe. Este se atraganta con el humo del tabaco. ¡Joder Joe! ¿Cuántas veces te he dicho que no fumes aquí? ¿Quieres hacer volar el lugar o qué? 

-Ya, ya lo apague, Dios que paranoica. 

-Bien sabes que puede suceder y le juegas al listo, ahora dime ¿cómo están Zinos y Boris? ¿Ya les distes de comer?  

-Si claro por supuesto ya están esperando su dosis. ¿Verdad malditas ratas jonkies? 

-¿Demonios que tienes contra ellas? 

-Yo nada ¿tú que tienes a favor de ellas que siempre las defiendes? 

-Yo nada. Vamos tráeme su dosis exacta no mas no menos.  

Boris se pone a correr como loco dentro de su jaula. -Aquí vamos de nuevo Zinos ¿listo para volar? 

-¿Por qué?, ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué te sigue emocionando el que nos droguen Boris? sigo sin entenderlo. 

-Simple, escapo de esta realidad en la que estamos, drogado no estoy encerrado en esta jaula sino corro por grandes praderas y siento el viento soplar a mi alrededor. 

Vaya nunca lo había pensado así. Imaginaba que Boris en verdad disfrutaba estar aquí encerrado, nunca creí que viera nuestra tortura como una válvula de escape.  

Después de las inyecciones que nos recetaron a cada uno de nosotros, los científicos pasaron a retirarse y la droga empieza a hacer efecto en nosotros. Sigo sin saber qué es lo que nos inyectan pero bien les puedo contar cuáles son sus efectos. Empiezas con una intensa calma a tal punto que te sientes tan relajado que no te preocupa nada a tu alrededor pero esa sensación dura muy poca pues le sigue una sacudida que sientes recorrer por todo tu cuerpo acompañado de fuertes ataques de paranoia para finalizar con mucha energía dentro de ti que necesitas sacar a toda costa, es decir llegas a un nivel  de hiperactividad inimaginable. Por supuesto los científicos solo se burlan de nuestros gestos y toman notas y notas, me gustaría que sintieran lo mismo que nosotros, a ver si así se les quita esa sonrisa del rostro. 

Día: 245… 

Los ruidos son más intensos, no logro distinguir si es debido a la droga, o en verdad hay un tremendo barullo afuera del laboratorio. Se escucha la alarma contra incendios… se activan las regaderas contra incendios que hay en el techo… Boris se sobresalta y empieza a correr desaforado en círculos sin saber que pasa… 

¡KABOOOOOOOOOOM! 

Se oye un gran eco… una gran explosión… me deja sordo por un momento. Boris sigue corriendo en círculos espantado… 

Al fin, he deseado bastante tiempo que este día de caos por fin llegara que ahora que está frente a mí no sé qué hacer. ¿Escapar? Esa siempre ha sido la intención, pero ahora que lo pienso ¿a dónde voy? ¿Podré sobrevivir allá afuera? Siempre he estado adentro, lo único que siempre he visto son estas 4 paredes, en realidad no sé cómo es allá afuera… 

-¡Zinos! ¡Zinos! ¡Zinos!- me grita Boris pero yo no logro escucharlo al estar tan absorto en mis pensamientos. 

Una fuerte sacudida me saca de mi ensimismamiento. Es Sibel quien agarro la jaula con nosotros dentro y nos intenta llevar a fuera. Nos está poniendo a salvo, arriesga su vida por nosotros, nunca creí que le importáramos de verdad. Puede que esto no sea cierto y lo único que le importa es salvaguardar las pruebas de su investigación en la que ha estado trabajando tanto tiempo, pero a estas alturas me gusta creer que si le importamos, me da esperanza.  

El calor es abrazador, el humo me empieza a llenar los pulmones y me cuesta trabajo respirar, si esto me está pasando a mí, a ella que va corriendo debe sucederle peor. Mi prenoción era correcta, empieza a tambalearse, pierde equilibrio, se le doblan las piernas, salimos disparados. La jaula vuela por los aires hasta que se estrella contra el suelo y la rendija se abre. Nuestro pase a la libertad que tanto añorábamos (bueno por lo menos yo) estaba frente a nosotros.  

Después de recibir tremendo golpe, volvemos en sí, y nos damos cuenta que la jaula cayo muy cerca de la salida principal. Sibel casi nos llevó hasta la salida. Boris y yo nos miramos mutuamente sin saber qué hacer.  

-Es ahora o nunca-digo apenas con una voz plausible. ¿Y Sibel? –me responde Boris. 

-Aunque queramos ayudarla, no podemos hacer nada por ella.-le respondo.  

-¿Estás seguro de esto? 

-No. Para nada.- contesto- pero otra oportunidad como esta no la tendremos. Así ¿qué vienes o te quedas? 

¡BOOOM! 

Se oye otra explosión al fondo. 

Nuestras miradas asustadizas se juntan y con una simple expresión en el rostro Boris me dice que me seguirá a donde vaya. Y ¿hacia dónde voy? No lo sé simplemente hacia adelante, hacia el  exterior hacia lo que el destino nos depare.  

Día: 324…. 

Mala elección, me he quedado solo, Boris fue devorado por una jauría de animales grandes de cuatro patas con grandes dientes, a los cuales les llaman perros. Fue devorado ante mis ojos y no pude hacer nada. Si tan solo no lo hubiera arrastrado conmigo, en esta maldita osadía, el seguiría vivo. 

-Joder NO.-Chillo. Mi cuerpo se empieza a estremecer, lo empiezo a sentir rígido, inmóvil, me quedo tirado hasta que se me pase el ataque. Desde que escape del laboratorio los ataques empezaron y cada vez con mayor intensidad. Mi cuerpo me pide a gritos la droga que me era suministrada.  

En un intento desesperado por calmar estos ataques regreso a las instalaciones a las donde estaba mi antigua casa, el laboratorio donde Boris había sido tan feliz. Me escabullo entre todos los escombros en busca de la fatal pero tan satisfactoria droga que me era dada, hasta que oigo un llanto a lo lejos el cual me intriga. Me acerco poco a poco para ver de quien se trataba y me doy cuenta de que es Joe sentado entre los escombros el que lloriquea. En una mano tiene una botella de alcohol y en la otra una foto.  

Al verme se sobresalta y sus ojos se llenan de ira.  

-Tú rata bastarda.-Me grita. Estoy tan débil y cansado de la vida, que ni si quiera intento huir. Me toma entre sus manos con la intención de aplastarme con ellas, pero se detiene, y rompe en llanto. 

-Oh Zinos la amaba tanto porque tuvo que morir así, fue mi culpa, por mi estupidez se murió, yo deje que se escapara el gas que genero la explosión. Si no te hubiera intentado salvar a ti y a la otra rata de tu hermano seguiría con nosotros… por cierto y ¿tú hermano Boris? 

Con los gestos de mi cara intento decirle que él ha muerto y que necesito una dosis de la droga que me inyectaban. Nunca sabré si realmente me entendió pero me llevo a su casa y me aplico una dosis. Al recibirla me sentí tan calmando que por un momento me olvide de todo, hasta que la estruendosa voz del grandote de Joe me vuelve a la realidad. Farfullaba y farfullaba y yo no le prestaba atención hasta que empieza a explicarme que la droga que me inyectaban no era por gusto sino que era para calmar mis ataques epilépticos, por eso al abandonar el laboratorio comencé a sentirme mal. No éramos ratas de laboratorio éramos las mascotas de Sibel, Joe nos compró a mí y a Boris y nos dio como presente a Sibel por eso la insistencia de ella por ponernos a salvo. Parecía que Sibel nos quería tanto a tal punto que a Joe le molestaba, por lo que siempre nos trató de manera ruda y grotesca. Es más ni siquiera estamos en un laboratorio como tal, simplemente estábamos en la parte trasera de una farmacia. Por eso es que siempre se oía tanto ruido tras la puerta. 

-Te preguntaras que le inyectábamos a tu hermano ¿no?, bien pues nada, con tu hermano era simplemente un efecto placebo en realidad a él nunca le suministramos nada. 

Mi mente estaba que explotaba no podía asimilar tanta información, Joe se despide y se va a acostar llevándose su botella de alcohol. Todo este tiempo siempre estuve interpretando todo mal, creyendo que todo estaba en mi contra, cuando en realidad me trataban de ayudar. Fue mi ineptitud, mi odio hacia mí mismo, mi odio hacia los demás, lo que me llevo a matar a mi hermano, el único ser al que de verdad quería y el que siempre estuvo conmigo.  

Lo se soy alguien horrible que no merece vivir por lo que en un intento de redimirme cuento esto para dar a conocer la desgracia por la que pase, no con el fin de causar lastima sino con el fin de poder desahogarme y tratar de quitarme esta pena que me atormentara por el resto de mis días. 

FIN

Por: Daniel Carmona

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Jordy Vital Autor