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Reseña: Bohemian Rhapsody

Cuando se menciona el nombre de Freddie Mercury, lo primero que se viene a la mente por supuesto es Queen, banda de la cual fue vocalista y con la que alcanzaría el estatus de leyenda gracias a su exitosa trayectoria musical. Sin embargo, la figura de Mercury es algo que ya traspasa la barrera de lo musical y es hoy en día una referencia absoluta de la cultura pop, esto gracias a su personalidad tan compleja donde convivían el tipo tímido, gentil y amable — palabras con las que lo describe el propio Roger Taylor, baterista de su banda –, el frontman provocativo que se apoderaba del escenario y el hombre solitario y atormentado, cuya vida de excesos lo llevaría a contraer la enfermedad que le causaría la muerte.

Y uno pensaría que ante una personalidad tan compleja y apabullante como la de Freddie, se abriría un abanico grande de posibilidades, de sucesos, situaciones e incidentes importantes para ser explorados en un filme y así conocer (y tal vez entender) más a fondo al genio que ya no está entre nosotros. Pero en cambio, Bohemian Rhapsody resulta ser una cinta  efectivista y poco arriesgada, que usa como carta fuerte los momentos musicales de la banda, pero que le cuesta trabajo enganchar al público cuando sus personajes no están en el escenario y cuya edición, tan atropellada y abrupta, llena de escenas que no terminan de hilar y transiciones confusas, deja ver cómo los problemas detrás de cámaras afectaron el resultado final, y con esto me refiero por supuesto al despido de Bryan Singer como director a semanas de culminar el rodaje. 

Era de esperarse que, teniendo a los propios miembros de Queen como asesores creativos, estos no permitieran un “mal manejo” de la imagen de Mercury, y tampoco es como que uno esperara ver una representación morbosa o amarillista de lo que fue su vida, pero también es verdad que el filme desaprovecha la oportunidad de humanizar al mito y de explorar cómo esa tormentosa vida privada influenciaba el arte que creó. 

Bohemian Rhapsody, aunque funciona perfectamente como una introducción de la increíble música de Queen para las nuevas generaciones, es un filme que brilla por su estilo y no por su trasfondo. Evidentemente toca las fibras más sensibles de los fans de la banda, pero por la nostalgia que provoca la música de la banda, más que por su peso cinematográfico. 

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