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Reseña: Aquaman

Por Teddye Zapata (@TeddyeZapata)

Aquaman era un reto importante para las compañías DC y Warner Bros por varias razones: Primero, demostrar que todavía puede salvar ese universo tan inestable que aun no terminan de crear; segundo, probar que podía competirle de tú a tú este año a otros blockbusters de superhéroes de la competencia, como Black Panther, Infinity War y Venom, y finalmente, lograr que el publico se interesase y se tomara en serio a un personaje que ha sido maltratado y ridiculizado a lo largo de los años por las caricaturas, como aquellos famosos cortos animados que ponía Cartoon Network durante sus comerciales o el inevitable parecido con Sirenoman, personaje de Bob Esponja irónicamente inspirado en Aquaman.

El encargado de esta importante tarea sería James Wan, director conocido por moverse principalmente en el circuito del cine de terror, creador de los universos más famosos del género dentro en Hollywood, como Saw, Insidious y The Conjuring y que, a excepción de Fast & Furious 7 de 2015, es un director que ha experimentado poco en otros géneros cinematográficos, lo cual generaba una sensación de curiosidad por saber cuál sería su manera de abordar el tan en boga cine de superhéroes.

Para nuestra fortuna, James Wan logra entregarnos un producto divertido y entretenido, sobre todo porque no recurre a la fórmula costumbrista del cine de superhéroes para contar los orígenes de Aquaman y ojo, con esto no estoy diciendo que James Wan descubrió el hilo negro o que reinventó la forma de hacer cine de superhéroes, de hecho es todo lo contrario; de original Aquaman, tiene poco, pero lo que Wan sí aporta es una gran sentido del oficio al tomar elementos de diferentes géneros cinematográficos y ponerlos todos juntos, bien amalgamados, sin que pareciera una mezcolanza de mala calidad.

Por ratos la cinta tiene tintes de cine de aventura a lo Indiana Jones o incluso la última entrega de Tomb Raider, por otros se asemeja al cine de fantasía con esas creaturas acuáticas que parecen sacadas de un libro de Lovecraft, sin olvidar las grandes escenas de acción, filmadas con mucho ingenio y un gran aprovechamiento de los espacios, tanto en las peleas mano a mano, como en las persecuciones — una muestra es esa gran escena por los techos de Sicilia. Por supuesto Wan no pierde la oportunidad de dejar su sello y agregar tintes de terror en una escena que transcurre en “La Fosa”, un reino que es más bien una especie de inframundo marino, donde incluso cuenta con la participación musical de un viejo conocido en los filmes de Wan, el compositor palestino Joseph Bishara.

El reparto cumple, incluso un poco más de lo que uno esperaría con un guion tan flojo. Jason Momoa le devuelve la seriedad al personaje titular, sobre todo cuando no intenta hacerse el gracioso con un sentido del humor que evidentemente no le queda, incluso con todo y los chistes tan predecibles que le pusieron a sus diálogos. Amber Heard como Mera por momentos se logra robar la pantalla, fungiendo como la acompañante y mano derecha de Aquaman en su camino al trono.  Patrick Wilson y Yahya Adbul Mateen II resultan ser un gran par de villanos, Sobre todo Wilson, interpretando a Ocean Master, ya que resulta ser el rival a vencer de Aquaman en este filme. Adbul Mateen II como Black Manta también lo hace bien, pero sus motivaciones están a disposición y conveniencia del guion para hacer que la trama avance, lo cual lo remite a un segundo plano, pero que seguro veremos tener más protagonismo en alguna secuela. Otro acierto importante del casting es la seguridad y experiencia que aporta al filme tener nombres del calibre de Nicole Kidman, Willem Dafoe y Dolph Lundgren en sus filas.

Aquaman no es la mejor película de DC, al menos no todavía. Y tampoco llegó a salvar DC pero, así como Wonder Woman de Patty Jenkins, con sus inconsistencias y errores, es una bocanada de aire fresco que brinda estabilidad y confianza para seguir pavimentando el camino a un exitoso Universo Cinematográfico.

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