Amor en tres encuentros – Jasleena Grewal

La vida media del amor es para siempre – Junot Diaz

 

1

 

11 p.m. “Lo que ellos estén tomando“, dijiste, deslizando tu brazo en nuestra dirección. El camarero te sirve a ti y Julian unos whisky sours. Julian se marcha con mi amiga. Yo me voy contigo. En tu cama, a pesar del chapoteo en mi estómago y mi visión caleidoscópica, intento, con todas mis fuerzas, permanecer articulada y seducida.

 

Me despierta mi reflejo nauseoso; mis cheekies de diseño tropical todavía siguen puestos y por alguna razón (gracias) no lo intentaste. Contenidos de Hot dog nadando en champaña, regados por todo el edredón blanco. Entonces, tu efusión frenética — “Está bien, está bien, está bien.”

 

Ok. Ya estoy recuperada, limpia y lista como una muñeca. Estoy mortificada y sorprendida. Pero más que nada, estoy cansada.

 

 

2

 

11 a.m. Mis ojos se entreabren ante mi ropa, que doblaste. No puedo mirarte; Me recibes con un beso profundo. Otro, otro.

 

“Maldita sea, ¿Qué comiste anoche? ¿Era tocino? ¿Te sientes mejor ahora que vomitaste? Te pareces a Ariana Grande. ¿Quieres ver mis zapatos de diseñador? Encontraré a tu amigo por ti. Llamemos a este número. Aquí están sus cosas. De nada. El wrap de feta y el jugo de naranja también son mis favoritos. Tengo que conducir a Portland. Mis amigos están esperando.” 

 

¿Por qué no está apurado? Descubro más tarde que nunca había llegado tan tarde.

 

“¿Quieres ir a cenar conmigo?”

 

Ok. Seguro.

 

 

3

 

11 p.m en un clandestino.  Le cuento sobre la noche en que morí.

 

Me encuentra llorando después de una sesión apasionada, como cuásares que rasgan el cielo.

 

“¿Estás bien?”

 

Estoy tan ebria, otra vez. No recuerdo ni lo que dije.

 

Por la mañana, nos miramos a los ojos durante minutos, minutos a la vez.

 

 

4

11 p.m. Camino a su apartamento de décimo piso después de ver una sinfonía de terror a dos cuadras de distancia. Mi período está en sus primeras gotas rosadas y nunca pensé que alguien podría encontrarlo tan apetecible. Después de un tiempo, estamos cansados.

 

Estoy desnuda salvo por mis tobilleras, gruesas y plateadas. Mis piernas se balancean sobre la parte baja de su espalda, su palma izquierda acuna mis pies y rechinan. El masaje es deliberado y constante. La ciudad tararea por la ventana. Hay tantas cosas de las que hablamos.

 

Estoy lista ya para irme. Su jalón automático, fuerte y elástico. “No, quédate.”

 

OK.

 

Pero ahora sí tengo que irme. Gracias por tu chamarra. Camino a casa, me mensajea: “¿Cómo va tu Uber a casa, nena? ”

 

¿Conozco a alguien más que sea así de amable?

 

 

 

5

 

8:45 p.m. Hay un chico en la escuela al que le gusto. Vamos a una fiesta en una casa. Ya voy una hora tarde; él me llama como si estuviera en la carretera. “¿Dónde estás? Seguro vienes, ¿verdad?”

 

Le envío un mensaje de texto al otro diciendo que estoy usando su chamarra para una fiesta y gracias. Pegué tatuajes de relámpago sobre las curvas de mis senos, dos líneas doradas que cubrían el borde superior de las lunas.

 

El chico de la escuela está hipnotizado por cómo se ven. “Gracias”, le digo.

 

Más tarde, mientras salimos de camino a un club, casi me olvido de la chamarra. El chico grita, “No la necesitas” y procede a querer quitármela de un jalón. Casi se estrangula en el tormento. La chamarra no parecía mía.

 

El otro no me ha contestado el mensaje. No lo hará por semanas.

 

 

6

 

5 a.m. Tengo resaca y dos cenas de microondas encima, pero le prometí a mi amiga un viaje a las Cascadas del Norte. Estamos allí para una conferencia y muchas personas importantes están a nuestro alrededor todo el tiempo. Me salteo la mayoría de las caminatas y duermo todo el día. Miro por la ventana y veo un cielo azul profundo que nunca había visto antes. Es el tipo de color cautivador que solo se ve impreso en lana — un azul marino, plano y rapsódico como el ala de un azulejo. Las hojas de ponderosa crecen en perfecta formación, es la única vez que he visto una proporción áurea.

 

Mi amiga me habla todas las noches. Estoy tan harta de ella, pero este lugar me está curando más allá de los huesos.

 

Estamos en la parte más remota de las montañas. No hay red de celular acá, lo cual me está salvando de mi mente.

 

Cuando regreso a la ciudad, no hay mensajes. Lloro, de tanto coraje.

 

 

7

 

El mes siguiente, me contactan y me ignoran tres veces. Mis amigos se amontonan a mi alrededor.

 

“Sus mensajes suenan como textos grupales”

 

“Es un inmaduro”

 

“Ya ni quiere hablar contigo”

 

“Eres demasiado buena para este tipo”

 

“Deja de contestarle”

 

OK. 

 

 

Jasleena Grewal es una escritora estadounidense de origen indio. Es la redactora Senior y editora de la sección cultural de Kajal Magazine. Puedes seguirla en Twitter como @jasleenagrewal.

 

Arte: Opashona Ghosh.

 

Comments

comments

Editorial Autor