5 años de la última noche del mundo

Hace cinco años el plaza condesa se vistió con luces azules, un ejército de conejos se dio cita para presenciar lo que sería la última noche del mundo; nadie esperaba que también sería la última vez que veríamos a Austin Tv tomar sus instrumentos para  llenarnos por última vez de paz, amor, armonía y música.

Esto me hace pensar en cuantas veces hemos hecho algo por última vez, sin saber que sería la última, ¿qué irónico no?. Hace cinco años estábamos a esta hora formados afuera del plaza para estar hasta adelante y poder tararear Marduk, para cantar porque aunque no había una voz, existía una letra que nos llenaba y nos hacía sentir, una letra que nosotros poníamos y de la que nos apropiábamos cada que la tocaban, fuera cual fuera la canción siempre había un sentimiento de por medio.

Se acuerdan de las horas que pasábamos confeccionando nuestros disfraces o buscando una máscara que fuera a doc al concierto, o estar ahorrando lo suficiente para poder comprar esa mercancía novedosa y de la cual solo sacaban unas cuantas piezas, o qué tal cuando nos reuníamos  todos antes del concierto para pasarla con amigos, o esos desconocidos que un día encontraste en la fila y que no imaginabas que se convertirían en tus mejores amigos.

Han pasado cinco años desde la última vez que dijimos “… sí te quiero, y sé que tú me haz querido siempre”, han pasado cinco años de la última vez que coreamos Marduk, cinco años de la última vez que escuchamos decir a Fando “Nunca se rindan, si tienen un sueño luchen por él, trabajen en equipo”, cinco años de disfrutar por última  vez a esos conejos que nos hicieron sacar lo mejor de nosotros.

Activen la memoria, recuerden qué estaban haciendo hace cinco años, muchos estábamos en esa duda existencial de qué voy a estudiar; ahora yo estoy a punto de graduarme, y estoy seguramente que muchos de ustedes están en el mismo plan,  otros ya están casados, tienen hijos, tienen un trabajo estable, otros  tantos quizás los más jóvenes están pasando por la mejor etapa de su vida, no lo sé, pero miremos cinco años atrás y pensemos qué tal feliz éramos y no lo sabíamos.

A mi mente llegan miles de recuerdos, cada uno como un flashazo de sucesos que quisiera repetir una y mil veces, recuerdo cuando fui con mi mejor amiga a la firma de autógrafos en Cuautitlán, o cuando fui con mi mejor amigo a ese conciertazo  en el Alicia, donde todos salimos sudando hasta de las piernas, ese show que se tuvo que repetir dos veces porque la gente llegaba y llegaba.

Extraño que los señores despistados se acerquen y “Oye hija, quién va a tocar, por qué vienen disfrazados”, me causaba risa y decía con gusto “Austin TV”.

Sé que muchos de nosotros los extrañamos, sé que quisiéramos que regresaran, pero también sabemos que para que eso pase quizás tenga que pasar mucho tiempo, mientras eso sucede sigamos escarbando en nuestra memoria, recordemos, se vale llorar por qué no, se vale decir “hubiera disfrutado más aquél último concierto”, se vale activar la memoria, todo se vale.

Daría lo que fuera por tener una máquina del tiempo y volver a escuchar “Rucci” en vivo, quisiera volver a ver a todos mis amigos, esos que hice un día esperando a que entraramos a ver a Austin Tv.
Gracias Austin, por darme los mejores momentos de mi vida, por ayudarme a conocer a amigos increíbles, gracias por ser el soundtrack de mi vida, por acompañarme en mi camino hacia la universidad, gracias por dejarme la grata experiencia de ser una dama del albedrío.

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